Estoy contento nomás de haber llegado a otro Mundial. Como están las cosas ya es ganancia. Es el número once de mi andar de vida, periplo que comenzó en el ya legendario y lejano México 70, dominado por Pelé y sus camaradas vestidos de verdeamarella.Debo confesar que en estos tiempos me cuesta trabajo disfrutar de ese deporte que amo desde niño: inmerso en una macabra historia de polis y narcos que tiene a la sociedad amenazada permanetemente; bajo basura que cae del cielo (con todo y camión recolector); entre epidemias y turbulencias económicas que nos roban nuestro futuro... estoy estresado todo el tiempo, lo que impide que goce de las cosas simples de la vida, como la música, las chicas o el futbol, simple, atractivo y entretenido.


Quizás por ello he esperado este campeonato con especial ansiedad. Cierto, como en el anuncio del desodorante de los zombies, inevitable, me vuelvo loquito cada 4 años, como todo pambolero que se precie bien. Sin embargo, ahora ha sido distinto... no sé explicarlo..., tal vez necesidad de respirar un poco de aire fresco entre tanta mierda..., tal vez necesidad de reencontrarme con ese niño que se sabía de memoria la alineación del seleccionado brasileño 1970, sofocado ahora por la adultez..., tal vez para licenciar mi mente y sedarla un rato con tan poderoso tóxico, que sirve como remedio para casi todos los males (aún para los divorcios más amargos, gulp).
Afortunadamente aún funciona, así que partir de este momento el futbol llenará este espacio, no limitado -en teoría- a ese tema, cabe aclarar.
Pero ese asunto -los temas que tratará este blog- nada tiene que ver con el que atañe a este texto, un juego amado y odiado con la misma intensidad, seguido y tildado de reverenda estupidez por un número similar de personas (claro que los segundos no llamarían personas a los primeros...), jugado por millones, temido por millones (no todos tienen afinidad con la pelota... y no pibes, no se vale usarlos de arqueros o postes durante la cáscara ... luego por eso terminan por odiar al deporte, je).
Y estoy listo para Sudáfrica 2010. Para ver que se presenta tras el horizonte pambolero y en los alrededores.
Y estoy listo para Sudáfrica 2010. Para ver que se presenta tras el horizonte pambolero y en los alrededores.Cada Mundial es una historia diferente, cada una tiene su sabor, sus anécdotas, sus peculiaridades, pese a lo que sostienen las viudas del futbol: "Otro Mundial, todos son iguales, siempre es lo mismo , es todo un mes completo, para que luego no gane México, sólo para verle las piernas a los futbolistas... (gulp, advertencia, auxilio, sus oposiciones y quejas pueden convertirse en furibundos ataques en pocos segundos-, por cierto un hurra por el anuncio de Corona, ji)".
Así, lejos ya de marcajes tan pejagosos y asfixiantes, y dispuesto a disfrutar de tan magno evento pese a los agujeros que merman mis bolsillos y a las balas que parecen zumbar cada vez más cerca de mí, me hice de todos los medios a mi alcance para seguirlo como se debe: tele, radio, diarios, mi biblioteca personal sobre el tema (no es por presumir pero es bastante respetable, con una que otra joyita) e internet.
Así, lejos ya de marcajes tan pejagosos y asfixiantes, y dispuesto a disfrutar de tan magno evento pese a los agujeros que merman mis bolsillos y a las balas que parecen zumbar cada vez más cerca de mí, me hice de todos los medios a mi alcance para seguirlo como se debe: tele, radio, diarios, mi biblioteca personal sobre el tema (no es por presumir pero es bastante respetable, con una que otra joyita) e internet.

Del primer día del Mundial, destaco el inconfundible sabor africano que inunda la cobertura mediática de este campeonato. Ésa es una de las cosas que me gustan de las Copas del Mundo: se arma una fiesta multicultural y multiracial con sabor local, en este caso, la punta sur del Continente Negro, con todo lo que ello significa.
Las batallas inaugurales del torneo arrojaron dos equipos con chispa y dos tan opacos como lentes empañados. Por un lado, en el match de apertura, Sudáfrica y México ofrecieron una partida movida, nerviosa y emocionante. La falta de tino de unos y otros evitó un marcador de escándalo: los mexicanos tuvieron a pelota y el control del juego gran parte de los 90 minutos y mostraron profundidad pero fallaron a la hora buena. Los Bafanabafana amenazaron todo el tiempo la meta mexicana, pero las ocasiones creadas por sus rápidos latigazos fueron malogradas por una deficiente puntería y la mala fortuna.
Al final, el empate fue justo, aunque no dejó satisfecho a nadie, tal vez a Carlos Alberto Parreira, entrenador de los anfitriones, quien mantuvo la mesura en medio de "el casi triunfo sudafricano", como tituló al día siguiente un diario sudafricano.

Para los mexicanos hubiese resultado una paradoja que perdieran en la última jugada a la Luis Hernández (México-Holanda, Francia 1998), con ese disparo que pegó el el poste de la portería defendida por el Conejo Pérez.
En el segundo cotejo, Franceses y uruguayos tuvieron un juego apretado, con pocas oportunidades de gol. Entre la lentitud sudamericana y la falta de imaginación de los europeos, las roscas eran inevitables. Ni siquiera cambió el tono del encuentro cuando uno de los rivales (Francia) se quedó con uno de más. Un partido para el olvido...CONTINUARA....
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