EL tiempo parece avanzar ahora más deprisa. El desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación han acercado a la personas y las naciones con innumerables herramientas: nuestro mundo no se explica, por ejemplo, sin la seguridad que otorga el celular (no es para menos, actualmente casi todo mundo tiene uno), ni sin la suave sensación que percibe uno al escribir en el teclado de la computadora un texto como este. Nada que ver con los teléfonos bombachos de rosca -qué enfado esperar a que el disco terminara de girar- o las máquinas de escribir, a las que prácticamente tenía uno que aporrear para arrancarle las palabras.
No sólo las distancias se han acortado: Los secretos se acabaron. Celulares 3G, laptops, pc tables, MSN, blogs, buscadores, redes sociales, con internet ya no hay espacio para la intimidad y siempre lo hay para verter allí, en proporciones similares, saber y estupidez. La información fluye sembrando datos en cada puerto que visita, renovándolos con cada vuelta, a mayor velocidad cada vez que pasa de nuevo. El refresh continuo no sólo afecta al intercambio de archivos o cifrados, los medios que permiten la gestión de tales files sufren una transformación frenética, incluso insana. Las empresas desarrolladoras de hardware y software ponen a la venta equipos y gadgets de última generación y lanzan aparatos novedosos a tal intensidad que es inútil pretender seguir el mismo ritmo. Intentarlo puede provocar mareos, estress, ansiedad.
Aturde. Pero al final la estela que deja -bits convertidos en textos, operaciones, imágenes- termina por reconfortarlo a uno. Como el calor que proporciona una biblioteca.
El planeta del futbol no es ajeno a esta realidad, un mundo cada día más pequeño y conectado: el cierre de la primera ronda de la Copa del Mundo de la FIFA Sudáfrica 2010 arrojó sorpresas en cantidad, en parte, precisamente porque se acabaron lo secretos.
En estos días, y desde hace casi diez años, la información sobre tactica, técnica, teoría y mil asuntos más relacionados con este deporte se propaga a velocidad de gigabites. Ahora se encuentran con suma facilidad videos de casi todos los equipos del mundos, selecciones incluídas; la multimedia es una herramienta pedagógica con infinidad de aplicaciones fuera y dentro de terreno de juego; software especializado está a la mano ya de todo aquel que pretenda dedicarse a la desgastante carrerra de director técnico; la medicina y las ciencias físicas proporcionan una veta rica en conocimientos para crear atletas capaces.
Así, sin importar dónde, en Azerbayán, Togo, Vietnam, Litchestein o en la Patagonia, es posible aplicar estas herramientas para levantar una estructura que genere futbolistas capaces. Claro, debe existir también voluntad y pasión, amén de un ámbito más o menos limpio de corruptelas y politiquerías. Los buenos principios, la materia más importante al momento de aprender a realizar una actividad, están ahí, al alcance de un clic o untono, sólo se les debe utilizar de manera correcta y sin trabas absurdas. No son materia exclusiva de las grandes potencias. Nunca más.
El éxito de equipos chicos en la primer ronda de la Copa del Mundo FIFA Sudáfrica 2010 habla de lo anterior. EN Japón, Estados Unidos, Corea del Sur, México, Eslovaquia, Chile, Paraguay, Australia, Nueva Zelanda, todas selecciones que han llevado a cabo una participación digna en el torneo, sin duda ha existido voluntad para usar todo ese cúmulo de información para levantar estructuras respetables, crear futbolistas competitivos técnica, táctica y mentalmente, de tal suerte que exista luz en e futuro, furbolísticamente habalndo, claro. Ahora, su trabajo empieza a dar frutos.
Por el contrario, por diferentes razones, algunas potencias pierden piso, el paso y la dignidad. La historia de los grandes combinados nacionales, tal vez, soporta fracasos como el de los italianos y franceses, que ni siquiera pasaron la primera ronda, o como el de España e Inglaterra, si se produce pues podrían salir en segunda etapa, lo cual les sabría a nada. El pasado sí, soporta, los hace fuertes, pero el presente los debilita pues señala que hubo mejores equipos que ellos, conjuntos teóricamente inferiores incluso. No creo que estén en esa condición aún, pero sumar fracasos frecuentes trae a la larga, el olvido. ¿Alguien menor de 30 años sabe sobre las glorias hungaras, austriacas o soviéticas?
Así, durante el torneo sudafricano Italia, Francia, incluso Inglaterra y España, dieron exhibiciones penosas, una vergüenza sobre todo si se considera el tipo de futbolistas que integran esos equipos: perfectos. Dejaron ir oportunidades para explotar el potencial con el que cuentan, cada uno debido a su propio infierno, y en el pecado llevaron la penitencia: sufren y caen derrotados con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Existe cierta arrogancia, cierto desdén en tan malorados cursos.
Los episodios son numerosos: Italia pierde con Eslovaquia (que si bien es una nación nueva en el mundo FIFA, tiene una larga tradición pambolera al haber competido como parte de Checoslovaquia, cuyo representativo llevó a cabo innumerables hazañas durante gran parte del siglo pasado); España cae contra Suiza, Francia contra México, Inglaterra hace el ridículo contra Argelia, Australia supera a Serbia, Japón a Dinamarca y Honduras echa fuera a Suiza.
¿EL mundo del balón se ha vuelto loco? Más bien los tiempos están cambiando.
Por supuesto que a todos esos insolentes aún les falta aprender para tener la constancia y concistencia que muestran desde hace muchos años los seleccionados acostumbrados a ganar en estas competencias. Los Coreanos, por ejemplo, deben aprender a sumar a sus virtudes un poco de cerebro, que en el futbol se traduce en pausa, en tomar un momento para detenerse y levantar la cabeza para darle el mejor curso al balón en lugar de seguir con su ataque esquemático de buscar siempre el arco a gran velocidad... o para enfríar el juego cuando les conviene. Esta ausencia de malicia pambolera fue importante para que al final Uruguay venciera a Corea del Sur, pese a que el momentum del partido estaba del lado asiático luego de lograr el gol del empate. Dos descuidos los mataron, un escalón de calidad que seguramente ya está considerado en el seno del futbol de ese país.
"Empezó como Robinho y terminó como Lee", dijo Niembro, comentarista argentino de experiencia sobre una jugada del jugador sudcoreano de ese nombre. EL asunto es que cada hay más coreanos, japoneses, ghaneses, estadounidense, mexicanos, australianos, chilenos y eslovacos que son capaces de resolver como los grandes, pero -cierta desconfianza, tal vez- también de verse como un tronco, como se le llama en este ámbito a aquellos que se tropiezan con la pelota en los pies.
Ése es el trabajo que tiene de frente esas selecciones: si aspiran algún día a competir realmente por la corona, no queda más que trabajo. Sudáfrica 2010 demuesta que va por buen camino.
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