lunes, 28 de junio de 2010

Pelota en el aire: La número once IV, entre campeones y aspirantes

Ha resultado un Mundial abierto, pese al futbol tan apretado que se ha practicado hasta ahora. Las sorpresas han sido frecuentes y los equipos chicos han tomado la batuta, al menos durante la primera y segunda ronda. Cierto, no están aún para llevarse la copa pero sí como para echar a más de un gallón, ¿verdad franceses e italianos?

La mala nueva es que la Mano Negra es más negra que nunca, en particular luego de los groceros errores cometidos por los árbitros en los juegos de octavos de final del domingo 27 de junio, Alemania-Inglaterra y Argentina-México. Tampoco ha ayudado el Jabulani, un balón con evidentes fallas de fabricación, que ha determinado en gran medida el rumbo del campeonato. No sólo son los errores cometidos por los arqueros, burdos, tontos, bobos, también están las cientos de pelotas que han sido mal pateadas desde el comienzo del campeonato. ¿Cuántas jugadas promisorias o de rutina acabaron mal por esta causa?, ¿qué hubiera pasado si la FIFA hace bien su chamba?, ¿se habrían metido muchos goles más?, ¿se habría visto un juego más vistoso? Nunca lo sabremos pero se me hace que las cosas hubiesen sido diferentes desde el principio.

Por supuesto, la Federación Internacional de Futbol Asociación todapoderosa nunca se equivoca y rechaza los problemas, al mismo tiempo que cancela posibles soluciones, como las nuevas tecnologías, aspirando al estancamiento. Total que si algo no existe no hay por qué considerarlo. Pero la prensa internacional y los fanáticos no han dejado escapar la ocasión para señalar estos y otros fallos de la Federación, lo cual ha dejado mal parada a la rectora mundial del balompié. Es unánime y mundial el desprecio por árbitros y directivos.

Es un mundo imperfecto y en él, la FIFA es el Rey. Miles de millones de personas aman este deporte, pero ¿cuántos confían en quienes la dirigen?

Desde los tiempos de Sir Stanley Rous hasta el presente, dominado sin oposición por el suizo Joseph Blatter, este organismo privado ha incrementado el control que tiene sobre este deporte, el más popular del planeta, hasta ejercerlo por completo. De esta manera, el destino -y lo que es peor- la evolución del futbol están en sus manos, guiadas quién sabe por qué oscuros intereses, pero sin duda lejos del Fair Play que tanto promueven.

Ahora, por ejemplo, los viejos jerarcas han rechazado sin reflexión alguna el uso de la tecnología en este deporte, algo que ya utilizan para definir jugadas difíciles en varias ligas profesionales en Estados Unidos con buenos resultados. Mexicanos, ingleses, estadounidenses y otros que se vieron afectados por malas decisiones de los colegiados hubieran, tal vez, acabado el torneo de otra manera de haberse permitido revisar la repetición. Pero lo más importante, se habría hecho justicia en acciones que sólo los de negro ignoraron, como el gol fantasma inglés o el tanto en off side argentino, sucesos clave en los encuentros de octavos de final arriba mencionados.

El hubiera no existe pero el futuro sí, aunque la FIFA pretenda detener el tiempo, como un viejo y decrépito alquimista que anhela transformar la materia sin saber realmente un ápice de la naturaleza de la misma. Sus excusas hieden a herrajería vieja, oxidada, desgastada: se perdería la esencia del juego, se perdería mucho tiempo, los partidos se alargarían muchos, el deporte es perfecto, no necesita ningún ajuste, como han señalado Blatter y su segundo, Michel Platini, un jugador maravilloso de los años ochenta, que -piensan muchos- manchó su imagen al convertirse en dirigente.

No hay remedio, prácticamente sin excepción, todos los pertenecientes a este planeta redondo recriminan a la FIFA y a sus afiliados, las federaciones locales, de cada país, organismos hechos a imagen y semejanza de la filial internacional, todo tipo de corruptelas y les echan en cara sus burradas, pero son firmes fanáticos de los productos que ofrecen y venden. Fieles a la religión que profesan, diría algunos jalados de los pelos, y no le pierden el hilo a cuanto torneo se cruce por el sistema de cable que tienen contratado.

Afortunadamente, en el terreno de juego, el deporte sigue siendo bello. Tanto como un disparo fulminante desde fuera del área; como un regate en un pedazo de papel; como un cabezaso tan poderoso como el martillo de Thor; como un perfecto cambio de juego de 40 metros; como una pared que deja tirados a varios zagueros; como una salvada en la línea de meta; como un equipo volcado a la ofensiva para conseguir el empate o el triunfo; como un futbolista llorando con amargura la eliminación.

Las escenas se amontonan: la desgracia de los italianos, que se ahogan en un vaso de agua; los estadunidenses exhaustos al dejar hasta el último aliento para intentar darle la vuelta a un juego complicado; la fe de los eslovacos que atacaron el arco azzurro sin ningún tipo de prejuicio; la hermosa maniobra de Honda, delantero japonés, para el 3 a 1 en el determinate cotejo contra Suiza; la juventud alemana cargando al equipo en ausencia del as, Michael Ballack; el toque brasileiro, siempre Brasil; dos aspirantes de peso histórico y juego brillante, Holanda y España; Messi y Cristiano Ronaldo, que han dado muestras espectaculares de su capacidad; la Uruguay de Forlán, que está para cualquier cosas, y cientas más que esperan al 11 de julio para convertirse en parte del legado del futbol para siempre. No hay vuelta de hoja.

Llegan las instancias decisivas y aún hay historia que escribir. Esperemos a ver hacia dónde rueda la pelota...

CONTINUARÁ...

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