martes, 8 de noviembre de 2011

A casa por navidad

La película “A casa en navidad” o “A casa por navidad” (Hjem til jul) del realizador Bent Hamer fue exhibida dentro del ciclo de cine noruego en la cineteca nacional en septiembre pasado. El filme, una adaptación del libro de Levi Henriksen titulado “Bare mjuke pakker under treet” (“Dejad regalos suaves debajo del árbol”), se desarrolla en el pequeño pueblo de Skogli.

A primera vista el espectador se topa frente a un collage de tópicos, de situaciones que algunos habitantes enfrentan durante la navidad, festejo que pareciera sólo un vehículo para exhibirlos: está ahí porque la película transita durante esa etapa del año. Sin embargo, todo lo acontecido pudo suceder en cualquier época del año, que la navidad misma no cambia nada. En este sentido, cabe comentar el uso de la navidad como vehículo. Es interesante que dicha frase encuentra eco en la traducción del título al español porque se ha traducido de dos maneras: una es “A casa en navidad” y la otra, “A casa por navidad”, frase en la que la preposición “por” indica, entre otras cosas, un tránsito por algo.

La casa es fundamental en el hilo de las historias: Es un lugar a dónde uno u otro personaje quiere llegar, es el hogar que añoran, el que es testigo de un abandono, donde uno tiene que dejar lo más preciado, el último sitio que acoge al enfermo, donde se fraguan horizontes, donde están las personas a las que se les extraña, lugar cómplice de un atropello hacia los propios hijos por negarles la posibilidad de ver a su padre, morada del amigo entrañable que en el presente es extraño, la morada de tránsito de dos exiliados, la iglesia donde todos se encuentran “fraternamente en navidad”, la morada del encuentro amoroso, como refugio para los personajes se quedaron sin casa.

En estas diferentes moradas derivan, se deslizan, giran temas que afectan a los personajes y a sus destinos: el coraje, el enojo, el entusiasmo por hacer todo por estar con la persona amada o pasiones que a uno le gusta más allá de fronteras, como la religiosa; la impotencia, la tristeza, el abandono, desamor, la obsesión por arreglar cuentas pendientes, la desesperación por ver a los seres queridos, la desolación, la muerte, la inercia que sucede en cualquier momento, la desilusión, la solidaridad, la emoción del nacimiento de un bebé o el deseo de tener uno, la soledad del exiliado, la profesión como algo compulsivo, la vida matrimonial...

La dirección de Bent Hamer destaca con algunas escenas notables: cuando el padre hace todo por ver a sus hijos en navidad. Al repartir los regalos, con los De: y Para: -de las dedicatorias- garantiza de forma cálida su misma presencia para sus hijos, aún cuando fue despojado de su casa. En otra, en la que interviene un disfraz de Santa Claus y su máscara maravillosa, burlona a veces, de pronto asustada y sorprendida, destaca con pericia los cambios en el tono expresivo del disfraz gracias al manejo de los ojos y la mirada, que es lo único que sobresale de este personaje semi escondido. En principio es fijo pero sorprende cuando la máscara cambia de expresión, lo que transforma la toma radicalmente, hasta tornarla algo distinto. También es para mencionar la escena en la que la amante y la esposa se encuentran por un solo e insignificante detalle.

El realizador pone en juego emociones (no sé si intencionalmente) que provocan al espectador, que continuamente se tensa y luego se relaja. Un buen ejemplo es la primera escena, fuerte, seca, de una crudeza particular, que te deja con el impacto que lo acompaña, golpe matizado por el mismo ritmo de la película, hasta que llega la escena final acompañada de la aurora boreal.

El ritmo del filme es engañoso porque, al estar ahí, la audiencia tiene la sensación de que el tiempo no ha pasado hasta que se pregunta cuánto ha transcurrido. Se percibe una especie de ligereza en el correr de la cinta. Engaña precisamente porque uno no sabe si ha pasado poco o mucho tiempo desde que empezó la película.

El director nórdico consigue un tono jocoso para mostrar dramas que provocarían precisamente lo contrario, mediante ese ritmo, junto con la manera como enfoca las situaciones dramáticas y su peculiar visión de las emociones humanas. Su destreza permite que la audiencia soporte situaciones que de otra manera serían traumáticas, no reflexivas como ocurre en “A casa por navidad”. (Etual Blanca Tovar)

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