miércoles, 9 de noviembre de 2011

RUTA CRÓNICA: IMPUNIDAD y COTIDIANIDAD

De acuerdo al diccionario online de la Real Academia de la Lengua, la palabra impunidad viene del latín impunĭtas y tiene una sola acepción: Falta de castigo. Usualmente identificamos este vocablo con criminales poderosos, intocables para la justicia, mitos urbanos que refieren a una vida de riesgos constantes o de lujos inimaginables para la mayoría de los mortales. No hay problema con señalarlos (menos ahora que salen en las noticias todos los días), lo difícil es llevar a cabo acciones para que lo dejen de ser y encaren sus responsabilidades ante la Ley. La lucha que se desarrolla en este ámbito es crucial para el futuro del país, no hay duda.

Sin embargo, hay situaciones en los que la impunidad toma formas invisibles lo que, en una ciudad como el DF, provoca que adquiera dimensiones escandalosas: En las calles de esa monstruosa urbe, regida supuestamente con normas que ordenan al tránsito cotidiano como en todas las ciudades del mundo, es constante que la gente rompa leyes y vulnere los derechos de sus conciudadanos. Es tan común como levantarse todos los días para ir a trabajar y tan vulgar que se realiza sin vergüenza alguna, prácticamente sin pensarlo, de forma natural. fluida y permanente.

Al parecer, por la reacción constante de miles de mexicanos, se trata de un asunto de poca importancia: cada vez que a un capitalino se le recuerdan sus responsabilidades con el tránsito de la ciudad, como respetar semáforos o pasos peatonales, por mencionar dos ejemplos obvios, éste por lo general insulta o amenaza al quejoso. Es extraño encontrar a aquel que acepte su falta y menos aún a quien la corrige. 

Lamentablemente es un asunto sin solución aparente por la sencilla razón de que a nadie le interesa: los automovilistas conducen como dios les da a entender (y generalmente les da a entender mal), los peatones cruzan pordoquier y los comerciantes e inquilinos llenan las banquetas ocupadas con puestos o vehículos de todo tipo. Por eso no es raro encontrar a mamás con sus carritos que deben pasar las calles a la mitad de la avenida porque no tienen lugar para hacerlo por las banquetas o a ancianos o personas con discapacidad que deben realizar verdaderas hazañas para llegar a su destino. ¿Qué se hace ante eso en Distrito Federal? Se voltea la mirada a otra parte...

Es muy fácil echarle la culpa a las autoridades (que sin duda tienen gran culpa del caos que se vive en la capital mexicana) pero son los ciudadanos los verdaderos culpables de vivir en un chiquero repleto de peladitas y machos. Se requieren de acciones urgentes que generen una nueva cultura vial y peatonal, que toquen la razón de dueños de comercios y casas -quienes usan las banquetas como suyas-, que otorguen la importancia debida a este aspecto. Después de todo, es poco probable que se combata con eficacia a la alta impunidad, por llamarla de alguna manera, si las pequeñas muestras de impunidad siguen presentes de forma constante en nuestros hogares y calles. 

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