Los mexicanos intentaron algo similar al contratar al sueco Sven Goran-Ericsson, famoso por su etapa con el Equipo de la Rosa y por sus frecuentes romances (como marinero, el técnico tenía novias en cada puerto que tocaba). Pero “el camino a la cúspide” fue tormentoso e inútil y terminó con un viaje de bajada, que casi y culmina en el infierno, es decir, con la eliminación del seleccionado azteca del mundial de Sudáfrica 2010. Las diferencias son evidentes: mientras aquí se impone la política (como lo dijo el buen Sven) y la chambonada, allá impera el orden.
En su momento, el sentir generalizado decía que el experimento Sven iba directo al fracaso, precisamente por las circunstancias antes mencionadas y por otras más; ahora la amenaza es más que evidente. Justificada. Luego de ver los más recientes partidos de la selección gringa, me quedó claro que Bob Bradley había cumplido su ciclo y que era incapaz de aprovechar el excelente material humano con el que cuenta el futbol estadounidense en la actualidad. La final de la Copa de Oro 2011 lo demostró fehacientemente: nunca tuvo respuesta para el toque y la inspiración del conjunto mexicano. Los jerarcas del futbol norteamericano pensaron lo mismo y le cortaron la cabeza al frío y calculador Bob.
No sería extraño que, como dicen en México, se hiciera de mañas para cuajar el potencial con el que cuenta Estados Unidos, una mezcla de talento gringo, latino, afroamericano, africano, europeo, y asiático, única en el mundo.
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SVEN


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