Como siempre, bufé de fastidio, y mantuve la vista en el curso del tránsito. De repente, al notar las dificultades que enfrentaban los peatones para pasar entre todo tipo de obstáculos, al percatarme de la imprudencia que dominaba la vialidad, al reconocer en lo que miraba al mismo purgatorio que paso yo cada vez que salgo de casa, me di cuenta de que apenas y toca uno la calle y ya se corre un gran peligro.
Parece exagerado, pero es un asunto serio, grave. Afuera suceden cosas que ponen la vida de personas en vilo permanente: Sin falta, autos y camionetas bloquean las aceras, con lo que obligan al peatón a transitar entre vehículos desquiciados; vehículos de todo tipo desfilan sin ton ni son por avenidas y calles, sin preocuparse si van en sentido contrario o de reversa por una vía rápida; motos rebasan por la derecha, lo que los convierte en trampas mortales para aquel pobre descuidado que baje de o quiera subir a algún transporte; más motocicletas que sin pudor alguno hacen caso omiso de toda regla vial al pasarse los rojos, o al usar los pasos peatonales y banquetas como vías particulares o al deslizarse entre autos para ganar posición mientras ignoran a la gente que cruza el paso como puede (obviamente, por lo general, los pasos peatonales están tapados por uno o varios bultos de dos y cuatro ruedas).
Y este infierno no tiene fin. Lo padezco desde hace varias décadas y seguirá así, me temo, hasta el fin de mis días.
Pero lo peor es la vista gorda de la que hacen gala por igual automovilistas, peatones y autoridades. Como si existiera un pacto secreto, los chilangos andan por las calles con total despreocupación y desdén, con miradas obnubiladas de tanto “no pasa nada”, desviando la cabeza a cada rato para ignorar los innumerables motivos de multa, sanción, corralón y hasta de prisión con los que se topan a cada rato durante su recorrido cotidiano. “´Pa que meterse en problemas…”, dicen por ahí.¿EN serio es necesario buscar en el aire las respuestas a este caos? ¿Es necesario omitir cada día las razones de tanto accidente y atropellado registrados en las calles de la ciudad de México? ¿Es necesario ignorar que nuestra costumbre de hacerse pendejos ha creado un lugar casi intransitable e inhabitable?
Las estadísticas son contundentes pero no importa, pues no existe un
interés real de parte de los habitantes de esta urbe para solucionar el grave problema vial que padecemos diariamente. Es imposible que el capitalino deje de manejar como cafre y se limite a transportarse, es casi imposible que ocurra lo que debe ocurrir en las vialidades del DF. Ni siquiera cuando los ciudadanos padecen las consecuencias de esta gran cadena de complicidades, de esta especia de irresponsabilidad compartida, ni convirtiéndose en víctimas del monstruo que alimentan puntualmente adquieren cierta conciencia. (Las cifras sobre accidentes siguen incrementándose...)
Y todo sigue igual, y al día siguiente y al siguiente y al siguiente…
¿Se siente bien pisarle hasta el fondo con cualquier pretexto; rebasar a cuanto burro alcances, ganarle el paso al rojo, dejar en claro lo chingón que eres en cada esquina que cruzas por tu camino, se siente bien hacer caso omiso de forma sistemática y cotidiana de las más básicas reglas de convivencia?




No hay comentarios:
Publicar un comentario